miércoles, 17 de junio de 2015

¿Marchas sin sentido?


Hoy vimos a Arturo Vidal llorando frente a la prensa, pidiendo disculpas por el “cagazo” que se mandó la noche de ayer retorno a la concentración de Juan Pinto Durán.

A raíz de lo anterior, y como es costumbre en nuestro país, todos los medios de comunicación se olvidaron de las cosas que realmente importan y apuntaron sus dardos hacia ese único objetivo. Y por consecuente, sin tampoco mostrar lo que ocurrió hoy en la marcha de los profesores en contra de la ley docente.

Por lo que nuestros profesores y adherentes a la manifestación expresaron su descontento por la baja cobertura que tuvo en las redes sociales y frente a los pocos medios que se hicieron presentes en esta jornada de protesta.

Entonces me pregunto: ¿Es  llamar la atención de los medios lo que se busca con una marcha?

Si es show (cobertura mediática) lo que quieren, entonces vayan a los canales de televisión a hacer las marchas. De hace rato que las marchas dejaron de ser una herramienta efectiva de súplica, y la poca cobertura que tienen en los medios es negativa.

No estoy en contra de las demandas sociales, pero creo que las marchas son una formula bastante débil y agotada para exigir dichas exigencias. Sin contar que lo que se muestra de cada manifestación en los medios es un enfrentamiento entre fuerzas especiales y encapuchados, ambos bandos dispuestos y gustos de luchar por una causa en común: La violencia.

Es más, si nos preguntamos qué acción de protesta a lo largo de todo el proceso de cambios y revoluciones sociales ha sido el más significativo desde el 2006, muchas personas te dirán ejemplos como que el Jarrazo que tiro María Música Sepúlveda a la ex ministra de Educación Mónica Jiménez o la quema de los pagarés, letras y deudas de alumnos de la Universidad del Mar por el artista visual Francisco “Papas Fritas” Tapia.

Es decir, construir de forma creativa pesa significativamente más que una horda de personas reclamando por algo que este gobierno difícilmente solucionara.


Las marchas deben ser mecanismos de encuentro social, una herramienta en la que invitamos a la gente a manifestar su descontento y decirle a nuestros pares que estamos presentes.  Pero no sigamos creyendo que serán la llave para lograr los cambios que anhelamos en pos de un Chile más justo, ni mucho menos un mecanismo para llamar la atención de un sistema mediático que está muy lejos de tener como objetivo ayudar a la personas.

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